APOYA LA CDI EN SONORA A PRESOS INDÍGENAS  

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Hermosillo. La Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas (CDI), en Sonora, lleva a cabo un programa especial para pagar fianzas de presos de origen indígena que estén recluidos en las diferentes cárceles de la entidad.

El delegado de la CDI en Sonora, José Luis Germán Espinoza, dio a conocer cómo es que ese programa que se aplica en todo el país, específicamente con personas indígenas que están recluidas en centros de readaptación social, puede lograr su libertad con el apoyo de esa dependencia.

 

—Delegado, ¿cómo ha funcionado en Sonora este programa de liberación de presos indígenas?

—En el marco de los derechos indígenas, tenemos un programa para la excarcelación de presos de origen indígena. Cuando un familiar o directamente el interno nos pide que lo apoyemos, le damos asesoría legal y si en algún momento está en condiciones de ser liberado, pero no tiene para pagar la fianza o el daño que ocasionó, desde el punto de vista económico, que le haya determinado un juez, es cuando nosotros entramos y pagamos las multas.

A veces las multas pueden ir desde los 500 pesos, por un robo simple, y no tienen para pagar el daño ocasionado o, en otros, hasta de 50 mil pesos para poder liberar a algún interno.

 

—¿Cuál es el universo de internos de origen indígena en cárceles de Sonora?

—Acabamos de hacer un diagnóstico para ver cuál era la cantidad de internos que tenemos en los ceresos de Sonora y encontramos que en los 11 centros de reinserción social hay una población de 212 internos de origen indígena, y que se asumen ellos mismos como indígenas. Algunos podrán hablar o no la lengua materna, pero así se asumen.

De esos 212, en los 11 ceresos, la mayoría son de la región del Mayo, ya que son los que tienen mayor población en Sonora; hay 66 mayos, 30 yaquis y de ahí hacia abajo. En el centro federal que está en Hermosillo hay 36 internos de origen indígena, pero solamente dos son de Sonora. Los demás son indígenas, por temas de carácter federal relacionado con el narco y son internos que los trajeron acá de otras regiones del país. No podemos saber exactamente cuántos indígenas sonorenses están en el sistema federal, porque igual que se traen de Chiapas para acá, hay de Sonora que están en penales de otros estados del país.

 

—¿Cuáles son los principales delitos que cometen?

—Violaciones, homicidios, robos agravados y de ahí baja la intensidad. Algunos son porque robaron por necesidad para comer y los detienen e internan. Ya luego nos notifican de los ceresos si entra algún preso indígena y a veces nos piden apoyo para ponerles intérpretes, al ser un derecho que tienen, o nos dicen que están a punto de salir para pagarles la fianza.

 

—¿Cuál es el promedio de indígenas liberados en Sonora al año?

—Tenemos un promedio de liberación de 40 fianzas pagadas al año y erogamos desde los 500 hasta los 50 mil pesos. En lo que va de este año tenemos un registro de solo cuatro presos indígenas liberados.

 

—¿Cuál es la condición para ayudar a un indígena a salir de la cárcel?

—Que sean primodelicuentes y que el delito que hayan cometido no sea ligado con narcotráfico o asesinatos. Incluso, lamentablemente muchos de los internos indígenas que están en cárceles sonorenses son reincidentes y en ese tipo de casos ya no los podemos ayudar con el pago de una fianza.

De la misma forma, damos seguimiento a los internos que salen de las cárceles e incluso se les ayuda para gestionar algún proyecto productivo para que puedan reiniciar sus vidas de la mejor manera posible. Y también quiero comentar que estamos trabajando en un diagnóstico para conocer, desde grado escolar, estado civil, origen técnico de los presos indígenas para, de esa manera, tener un panorama más amplio de estos grupos en Sonora.

 

—¿Cómo y dónde puede solicitar esta ayuda a la CDI quien lo requiera?

—Nosotros tenemos el área jurídica de la delegación estatal en Hermosillo, en la calle Rosales # 12 o en el teléfono (662) 2 13 24 14. También pueden acudir directamente a los centros coordinadores en Caborca, Bahía de Kino Viejo, Pótam —con la tribu yaqui—, Etchojoa y uno más en San Bernardo, en Álamos.

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