QUIEREN DAR PASO A LA MODERNIDAD EN MERCAJEME

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Para muchos Mercajeme, es un ícono que identifica a Ciudad Obregón. Al llegar al corazón del comercio en el primer cuadro, destaca de todas las construcciones por su arquitectura, edificada durante el trienio de 1991-1994.  Y a sus casi 73 años, este septuagenario inmueble sigue vivo, pero por respiración artificial.

Hay dos grupos entre los condóminos

Y es que en los últimos 18 años, las luchas internas entre dos grupos lo han ido desgastando hasta dejarlo maltrecho y en el pasado, con costumbres que no quieren romper, porque así lo heredaron de los padres fundadores y que los de tercera y cuarta generación continúan, a pesar que les ganó la tecnología, pero sobre todo les ganaron las plazas comerciales, que atraen a los miles de visitantes o potenciales compradores que prefieren irse a un espacio más cómodo por el clima y principalmente familiar para llevar a los hijos a entretenerse cualquier día de la semana.

A punto de apagar las 73 velitas, ya que fue en junio de 1945 cuando se fundó, MerCajeme se quedó varios pasos atrás de una Plaza Tutuli de la que se quejaban cuando se abrió en 1984, porque les quitaba clientela y ahora de Plaza Sendero y otra más que viene en camino, que ofrecen a los clientes, lo que este símbolo cajemense no tiene: modernidad.

Está rezagado Mercajeme: locatarios

Y los condóminos lo reconocen. Su patrimonio está rezagado frente a las franquicias comerciales. En eso coinciden tanto Carlos Alonso Arce Fuentes, actual presidente del Consejo de Administración como Juan Pilar Morales, Juana María Galván y Luis Quintero Orrantia, que han sido duros críticos de la dirigencia actual, pero que están dispuestos a trabajar unidos para sacar del bache en que se encuentra el mercado.

Desde que en Obregón comenzó la alternancia partidista continua desde el 2000, la división entre dos grupos se hizo cada vez más evidente hasta llegar a los enfrentamientos verbales y físicos con presencia policiaca y generó odios entre ellos al grado de evitar toparse entre sí o que alguien de la familia les dirija la palabra y por supuesto aumentaron los cuestionamientos a la dirigencia de José Esparza, hasta que fue destituido en el 2015.

Pero ahora, tres años después del cambio de administración y a punto de terminar su periodo, los locatarios de los dos grupos identificados están con la disposición de sentarse a dialogar para mejorar la situación y voltear la página a favor del Mercajeme, pero sobre todo de los clientes y los condóminos que dejan sangre, sudor y lágrimas en su puesto.

La administración después de Esparza

Carlos Alonso Arce llegó a la dirigencia en septiembre del 2015, a representar a los 294 locatarios con la ayuda de Juan Pilar Morales, Juana Galván, Luis Quintero y muchos otros que pedían a gritos un cambio en la administración y aunque asegura que al principio contaba con el apoyo de más de 60%, tres años después se refiere a los que lo apoyaron como el grupo que está en oposición.

Sin embargo, está en la mejor disposición de dejar a un lado las diferencias y reunirse con los que ahora lo critican para lograr lo que dice en un eslogan es ‘unión de voluntades’ para hacerle frente a las cadenas comerciales y cambiar la imagen negativa del mercado que tienen muchos cajemenses por una positiva, porque el edificio es el corazón de la ciudad.

Por su parte, Juana María Galván, Juan Pilar Morales y Luis Quintero Orrantia, quienes han señalado acciones de la dirigencia que contraviene el reglamento de los condóminos como la instalación de unos puestos en el área común de la calle Galeana sin tomar en cuenta a la asamblea, hablan de la disposición de llegar a acuerdos, por el bien del Mercajeme porque ahí pasan más tiempo del día que en su casa. Y quieren que se conserve para que lo continúen las siguientes generaciones de su familia, pero que salga del estancamiento en el que se encuentra.

El Mercado Municipal, primer mercado de la región

En los años de la polvorienta Cajeme se construyó un enorme galerón en el centro del municipio que se convirtió en el centro neurálgico a donde llegaban a vender mercancías en javas, canastas y hasta en los mismos camiones, pero fue hasta 1945 que fue demolido porque los habitantes de la pujante ciudad merecían algo mejor. Pero aun cuando el enorme edificio que abarcaba todo un bloque de terreno dejaba un buen sabor de boca a sus visitantes por los enormes pasillos o los locales de diferentes mercancías, tenía el problema de la falta de pavimentación de las calles, que llegó casi una década después, y con ello le dio un aspecto moderno y que lo hacía único en el noroeste del país. Y con esta arquitectura se conservó hasta los años noventa, cuando el entonces alcalde Faustino Félix Escalante dio a conocer la remodelación del mercado cambiando la fachada y algunos interiores.

La era Esparza y su ley de hierro

José Esparza Garibay originario de Barrancas de Oro, Nayarit, llegó muy joven a la ciudad atraído por la fiebre del llamado ‘oro blanco’ a trabajar en las pizcas de algodón para después dedicarse al comercio de mercería y comida. Su carácter fuerte y su estilo mandón, le abrió paso hasta llegar a ser el dirigente de los comerciantes por allá en los años setentas.

Durante más de 40 años representó a los locatarios del mercado. Y según cuentan los más viejos, se manejaba con mano de hierro en lo que a las cuotas de mantenimiento se refiere. El que no pagaba, se enfrentaba a una demanda con acta notariada y todo. Por eso, durante su dirigencia más de 90 por ciento estaba al corriente con los pagos, comenta Juan Pilar Morales condómino que lo conoció desde niño cuando corría por los pasillos del mercado.

Y aunque por muchos años defendió los derechos de los locatarios y a la mayoría los tenía de su lado, fue en los últimos 18 cuando se enfrentó abiertamente con la autoridad municipal, cuando en el trienio de Javier Lamarque se ordenó que las famosas casetas navideñas fueran removidas con la fuerza pública, en una serie de desencuentros que tuvo con el entonces alcalde, que emanaba de un partido diferente con el que estuvo acostumbrado a tratar por décadas.

Durante los últimos dos años de vida, Esparza Garibay  con 80 años a cuestas, con andar cansado y menos fuerzas que cuando fue dirigente, continuó dando noticias de la administración que presidió muchos años, a la que criticó por falta de seguros de vida vigentes, falta de mantenimiento y de seguridad.

A casi un año del fallecimiento del antiguo dirigente, el Mercajeme que heredó con deudas como dice la actual administración, dos elevadores que no funcionan y dos grupos antagónicos, parece tener buenas nuevas. Y es que a los actuales condóminos ya les llegó el agua a los aparejos.

Quieren rejuvenecer al setentón mercado

Desean quitarle el respirador artificial al setentón mercado en el que nacieron algunos y crecieron todos, aprendiendo a vender oyendo a sus padres y abuelos. Inyectarle vitaminas para que los siguientes años rejuvenezca y vuelva a ser el centro neurálgico a donde lleguen los cajemenses y de otros municipios a hacer sus compras.

Quieren que el ícono de Cajeme, el corazón de la ciudad, el emblema del comercio local se convierta en un imán que atraiga a los clientes como en sus mejores épocas, con ingresos como en los tiempos de bonanza y que los herederos de cada puesto, reciban un negocio con plusvalía para que haya Mercajeme ‘vivo’ muchas generaciones más.

 

 

 

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