POR BAJO NIVEL EMERGEN RUINAS EN EL OVIÁCHIC

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Al emerger, por el bajo nivel de las aguas de la presa Álvaro Obregón, los restos de lo que fue la cúpula del templo de San Carlos Borromero, vuelve la nostalgia entre los pescadores y habitantes de Buenavista.

A bordo de una panga de pescadores, personal de Medios Obson se trasladó al interior del embalse en donde existió el Pueblo Viejo, mismo que hace 66 años fue desalojado por la construcción de la presa Álvaro Obregón en 1946.

Fue en ese año cuando las familias fueron informadas por decreto presidencial que se planeaba construir la citada presa en beneficio de la región y para hacer productivo al Valle del Yaqui, fue entonces cuando surgió el nuevo Buenavista.

Esta comunidad está ubicada a 5 kilómetros de la presa, cuenta con 500 habitantes, quienes conservan el templo que lleva el mismo nombre, y conservan un enorme Cristo, la Virgen María en bulto, y el santo patrono San Carlos Borromero, los cuales fueron hechos a base de madera de cedro y se conservan desde hace muchos años.

 PREOCUPA BAJO NIVEL DEL AGUA

Al trasladarnos por el embalse, el pescador con 20 años en esta labor, Francisco Javier Moreno Cantú, platicó que desde el 2013 la presa no bajaba tanto su nivel y eso los tiene preocupados.

“No queremos que se acabe el agua, eso nos afectaría mucho a nosotros de aquí mantenemos a nuestra familia y necesitamos seguir pescando”, manifestó.

Según el Sistema de Presas Río Yaqui, la presa Álvaro Obregón está en un 24.9 por ciento de almacenamiento, al tener 804.2 millones de metros cúbicos, cuando el año pasado 31.1 por ciento de su capacidad.

Refirió que en este sitio donde emerge la cúpula, sus compañeros han encontrado desde monedas antiguas, herramienta de trabajo, utensilios de cocina, y hasta armas.

 

VEN CON NOSTALGIA EL PUEBLO HUNDIDO

Al trasladarnos al pueblo, el encargado del templo, Luis Enrique Armenta platicó que cuando se hundió, luego de ser conquistados por los Jesuitas, la gente acude con nostalgia a observar los restos de templo y panteón.

Dijo que cuando el nivel de la presa disminuye, a mucha gente le da tristeza y regresa para recordar lo ocurrido hace 66 años, muchos ya murieron, pero las historias quedan para no olvidarse.

“Es impresionante como las reliquias religiosas se conservan, se han restaurado pero al ser de madera de cedro, están en muy buen estado”, expresó.

 

CON LA CONSTRUCCIÓN DE LA PRESA SE ACABARON LOS CULTIVOS

Con tristeza, don Abelardo Gutiérrez Sayas, con 56 años de vivir en esta comunidad, platicó que su padre le decía que con el desalojo de la comunidad de la presa, se acabó la actividad productiva.

“Antes la gente sembraba frijol y maíz, la tierra era fértil, y la gente vivía feliz, pero al desalojarlos, sólo encontraron tierra enmontada que no les permitió vivir de la agricultura”, aseveró.

Gutiérrez Sayas dijo que ahora muchos viven de la actividad de sacar carbón pero solo se benefician unos cuantos.

Cada vez que la presa presenta un panorama desalentador, como el ocurrido en el pasado 2013, cuando se secó por completo, no sólo afecta al desarrollo de la región, sino que crea un profundo pesar entre sus habitantes.

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