ABELANDIA Y LA ARITMÉTICA POLÍTICA

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Abelandia: la aritmética política, la convivencia antidietética en torno al banquete pantagruélico; la conversación etílica; el disfrute de la música, la coincidencia geográfica, el reencuentro apocalíptico; el pretexto de lo lúdico para la grilla iniciática rumbo a la decisión salomónica o la previsible diáspora.

Eso y más fue la edición 2020 de esta celebración que comenzó hace 23 años como un encuentro de amigos reunidos en torno a sus aficiones cinegéticas, y que poco a poco fue creciendo hasta convertirse en una referencia obligada de la política electoral que tiene su sede en el sur del estado, pero sus reverberaciones trascienden a todos los municipios.

Por los perfiles de los convocantes, involucrados desde siempre en el mundo de la política y la empresa resulta natural que, pese a una notable mayoría de invitados que no mantienen una vida partidista activa, un grupo menos nutrido pero de considerable peso en la vida pública del estado forme los corrillos, plantee la agenda, mande señales abiertas o encriptadas para que, dentro y fuera del rancho El Nacapule, los demás intenten descifrarlas, interpretarlas o al menos firmarlas de recibido para solaz y esparcimiento en el deporte nacional por excelencia que es la especulación política.

Frente a la inédita situación en que los partidos que tradicionalmente habían hegemonizado la cosa pública en el estado (y el país) fueron desplazados por ese gran movimiento que encabezó Andrés Manuel López Obrador, y que en Sonora hizo ascender una nueva clase política que gobierna a más del 80 por ciento de la población en los principales municipios, era obvio que esta edición de Abelandia tendría un cierto interés hasta políticamente morboso.

Personaje central de esta convocatoria, el empresario y ex alcalde de Cajeme, Ricardo Bours Castelo renunció a su militancia en el PRI en febrero del año pasado; hoy aparece como posible candidato de Movimiento Ciudadano a la gubernatura y su nombre está en los utilitarios del evento, gorras y camisetas que tienen también el color naranja del partido que encabeza Dante Delgado, que no estuvo presente, pero sí pasó lista su segundo de a bordo, Jorge Álvarez Maynez, así como el diputado federal cajemense, Jorge Russo y otras personalidades de MC, excepto María Dolores del Río y Carlos León, que usufructúan esas siglas en Hermosillo.

Antonio Astiazarán, otro ex priista que ha levantado la mano como aspirante a la candidatura al gobierno del estado, pero por el PAN, también se hizo presente, aunque no es la primera vez que lo hace, dada su añeja amistad y cercanía familiar con el clan Bours.

Ausente esta vez el hoy alcalde cajemense Sergio Pablo Mariscal Alvarado, que en otras ocasiones asistió, pero los desencuentros con el regidor independiente Rodrigo Bours quizás lo hicieron repensar la conveniencia de acudir y mejor anunció un evento alterno que dijo se llevaría a cabo próximamente con el nombre de “Mariscalandia”.

Uno de los pocos morenistas notables que acudió al Nacapule fue el director de Agua de Hermosillo, Alfredo Gómez Sarabia, pero esto tampoco es raro. Cajemense él, mantiene desde siempre una buena relación con la clase política del Valle del Yaqui y muchos lazos afectivos en la región.

Más discretamente, se dejó ver por allí Gerardo Murrieta, un activo de Morena que hoy trabaja para el gobierno de Baja California.

Desde Nogales y hasta Álamos; San Luis Río Colorado y la sierra, diversos liderazgos acudieron a la convocatoria.

Siempre presente, el profe Gerardo Figueroa Zazueta, del meritito Puerto Peñasco ya es un activo fijo de este encuentro y su capital político en Puerto Peñasco y la zona del desierto sonorense lo convierten en una referencia.

II

Abel Murrieta Gutiérrez es otro de los convocantes a este encuentro. En el rancho de su familia se lleva a cabo durante tres días esa verbena en la que van y vienen cientos de invitados, la mayoría sin mayores pretensiones que la de disfrutar largas horas de convivencia con los amigos.

Pero, animales políticos al fin y al cabo, otros coinciden en las mesas para darle duro a la grilla, la prospectiva, los diagnósticos, las cuentas. En una de esas mesas el nombre de Abel Murrieta comienza a sonar fuerte como candidato a la alcaldía de Cajeme en 2021.

Como candidato en 2015 a la diputación federal, se la llevo de calle. Jala votos. Su perfil como abogado y procurador en dos sexenios de signo distinto (el de Eduardo Bours y el de Guillermo Padrés), y su fama de mano dura lo proyectan como un personaje que podría regresar al orden a un municipio en el que solamente el año pasado, la cifra de ejecuciones por disputas entre grupos del crimen organizado rebasó las 400.

Y de allí se desprende la discusión. ¿El PRI está muerto en Sonora? ¿Morena repetirá la hazaña de 2018?

La conclusión es que ninguna de las dos preguntas tiene una respuesta definitiva.

Un municipio como Nogales, por ejemplo, lo ganó Morena con un candidato del PRI, por apenas unos 15 mil votos, y su administración este año ha dejado mucho que desear. En Cajeme mismo, el PRI le ganó al PRI. Rodrigo Bours, al irse como independiente, abrió un gran boquete por el que se coló Morena, aprovechando también la fragmentación que en el panismo provocó la candidatura de Gustavo Almada como candidato de MC.

En Hermosillo mismo, a pesar de que ganó Célida López, su votación fue una de las más bajas en los últimos tres procesos electorales para un candidato ganador, y el PRI se la disputó decorosamente con todo y el voto masivo para Morena promovido por Andrés Manuel de manera muy efectiva.

La carga negativa para el PRI sigue siendo muy grande. Pero a quienes toca cargar con el desgaste ya en el ejercicio de gobierno, son los alcaldes que no lo están haciendo nada bien. En Guaymas, Empalme, Navojoa, Cajeme, Bácum, Nogales, Hermosillo, entre otros, las votaciones se pueden cerrar mucho y cualquiera podría alzarse con la victoria.

De esos municipios podrían salir los votos para apuntalar a un candidato a la gubernatura que le hiciera frente a quien, hasta hoy, aparece invencible, independientemente de lo antes expuesto: Alfonso Durazo Montaño, de Morena.

El aritmético lector, la politizada lectora tendrán, desde luego, sus mejores apreciaciones, pero esto es algo de lo que se discutió en una de las mesas.

III

Un momento climático se dio el sábado al filo del mediodía, cuando arribó a Abelandia Ernesto Gándara Camou.

Acompañado de una pequeña comitiva, El Borrego fue recibido por Ricardo Bours y después de saludarse afectuosamente, recorrieron todas las mesas estrechando cientos de manos en un ambiente bien relajado en el que se gastaron toda clase de bromas, incluyendo la de ponerle al Borrego la gorra de MC.

El ex gobernador Armando López Nogales también llegó a la fiesta, y minutos más tarde su homólogo Eduardo Bours Castelo, con quien se fundió en un amistoso abrazo.

Por los antecedentes políticos, muchos estaban ansiosos por el momento en que se encontrarían Eduardo Bours y Ernesto Gándara.

“Si se saludan, es la nota. Si no se saludan, también es la nota”, comentaban los opinólogos presentes, toda vez que Eduardo fue recibido por sus carnales Ricardo y Rodrigo, y comenzaron un recorrido de saludos por algunas mesas.

Al fondo, El Borrego departía con otros asistentes, pero mientras Eduardo avanzaba en el camino hacia donde él estaba, Gándara rodeaba otras mesas y cualquiera diría que no buscaba el encuentro.

Sin embargo, llegó el momento en que se encontraron y se despejaron dudas. Los resabios del pasado no aparecieron, estuvieron platicando largo rato, animada y civilizadamente.

Falta mucho para las definiciones, ni duda cabe, pero tampoco hay dudas de que se está dando un reagrupamiento de esa clase política desplazada, y van a pasar muchas cosas en este año que comienza, en uno y otro bando, para definir lo que sucederá el siguiente.

Hagan sus apuestas.

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