EL INFIERNO EN CASA; CRECE VIOLENCIA INTRAFAMILIAR POR CONTINGENCIA

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Hermosillo. La pandemia por coronavirus supone un gran reto para la estructura gubernamental más allá del sistema de salud.

La seguridad pública es otra de las obligaciones estatales que demanda energía y esfuerzos al interior de los hogares.

También demanda atención en materia económica por la parálisis laboral que ha generado

En esta ocasión, Última Palabra analiza la seguridad al interior de las viviendas debido a que en la entidad se instrumentó la estrategia "Quédate en casa, en su primera y segunda fase”.

De acuerdo con la base de datos de la secretaría estatal de Seguridad Pública del 15 de marzo al 15 de abril se han recibido 5 mil 160 reportes de violencia intrafamiliar.

Según la estadística -en poder de este semanario-, los llamados al número de emergencia 911 registraron un incremento del 5%, en comparación con el promedio diario en 2019.

Increíblemente, el robo a negocio disminuyó 6.92%; los asaltos se redujeron un 36.51%; al igual que el hurto de vehículos cayó 19.9%.

Pero la cifra de 5 mil 160 emergencias en casa es alarmante.

Por poner un ejemplo, si esos llamados los dividimos entre los 30 días que van de cuarentena, se tendría que diariamente hay 172 situaciones familiares en los hogares sonorenses.

A su vez, si estos 172 reportes se dividen entre las 24 horas del día, quedaría en relieve que hay 7.1 altercados familiares cada 60 minutos.

Finalmente, si los 7.1 reportes en el hogar se divide entre los 60 minutos de cada se sabría que cada llamado de emergencia en casa se genera cada 8 minutos con 24 segundos en promedio.

 

Población olvidada

Paralelamente al desborde de urgencias en el seno del hogar, las autoridades tampoco tienen los medios para enfrentar el reto de seguridad, tal vez porque las instituciones mantienen una pequeña guardia en estos días o por su conocida incapacidad histórica.

Lo cierto es que a la mesa de redacción de Última Palabra llegó el caso de “Janet”, quien sufrió vejaciones durante los primeros días de iniciada la cuarentena y todavía no es atendida.

Se presentó ante la delegación de la fiscalía estatal en Ciudad Obregón para denunciar a su verdugo, su esposo, y solicitar acompañamiento profesional.

El cansino procedimiento burócrata fue la primera de las malas cucharadas que recibiría “Janet” de parte de la exprocuraduría.

La mala instrucción de los funcionarios, en atención a víctimas de violencia, fue evidente desde el primer momento.

Después emergió la indiferencia: las declaraciones y la denuncia nacen muertas en Sonora.

No existe un seguimiento puntual al caso y mucho menos acompañamiento sicológico.

La víctima, obviamente desesperada, tuvo que recurrir a una amiga porque la desatención gubernamental le resultó insoportable.

Desconocía que todavía faltaba lo peor: El olvido.

Desde que interpuso la querella jamás se volvieron a comunicar con ella para ratificar la denuncia.

Su amiga le ofrece un hogar libre de violencia mientras que la omisión gubernamental se convierte en su victimaria.

A ritmo habitual es complicado ser protegido por la justicia -en emergencia sanitaria- la atención a víctimas de maltrato se vuelve irrelevante.    

 

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