SU LEGADO NO MORIRÁ...¡HASTA PRONTO!

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Hermosillo.  La libertad de expresión se ejerce, no se negocia ni se condiciona o se concesiona.

Jorge Miguel Armenta fue el cimiento del Corporativo Editorial de Medios ObSon y hoy el Periódico El Tiempo y este semanario, Última Palabra, son los pilares de su legado.

Mis condolencias a la familia, al personal y al mundo periodístico de Sonora por la pérdida de un hombre inquieto y apasionado de la comunicación.

La redacción no es la misma: Hacen falta sus mordaces comentarios y chascarrillos; la instrucción puntual de no olvidar una cobertura; el consuelo de un jefe al final de un día difícil para ejercer la noble profesión de informar.

No fue fácil ¿Y qué lo es...?

Aún recuerdo la voluntad con la que creó la fan page de Medios ObSon, esa misma que se encuentra suspendida por las incomprensibles e injustas normas comunitarias de Facebook.

De esta misma página voy a hacer una revelación: Jorge Armenta fue el primero de los empresarios sonorenses en invertirle a una plataforma de redes sociales.

Sin temor a equivocarme fue el primero en pagarle a un reportero que solo le diera cobertura a una plataforma como esta.

Unas motocicletas y muchos ánimos. Él mismo cubriendo las noticias porque no se daban abasto reporteros y editores.

Después unas cámaras, automóviles, más reporteros y más editores. Insisto: No fue fácil, pero qué lo es.

El “boom” de Medios ObSon -a vista de todos- fue cuando unos imprecisos cirujanos del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) extirparon el ojo sano a un bebé con problemas de salud.

Eso fue Jorge Armenta: Un hombre que le dio voz a las personas que no tenían cabida en los medios de comunicación tradicionales.

Desde entonces, en junio de 2015, se expandió esa virtud comunicacional de Jorge, que solo fue cegada por las malditas balas que le arrancaron la vida el trágico sábado 16 de mayo de 2020.

En nada frenó su labor periodística el ataque que sufrió cuando quemaron una camioneta amarilla el 23 de enero de 2016.

Este sería el primero de una retahíla de agresiones que ha recibido el conglomerado de Medios ObSon desde su creación.

Sin embargo, antes de este trágico sábado, el atentado más grave sufrido por esta noble redacción sonorense, ocurrió el 1 de agosto de 2016.

Aquella vez un nervioso individuo se acercó “tembeleque” hasta la puerta principal donde se encontraban en periodo de pruebas las prensas del Periódico El Tiempo para soltar una granada que no detonó.

El sistema de circuito cerrado reveló que el sujeto descendió de una camioneta oscura, esa misma que desde hacía unos 30 minutos antes de la defectuosa entrega, había rondado las oficinas centrales del corporativo.

Todavía después de lanzar el artefacto explosivo esperó impaciente que lo recogieran para huir tranquilos del lugar.

De estos dos atentados hay denuncias, pero poco se ha sabido de los resultados o los posibles responsables que han deseado frenar la labor periodística.

Desde entonces no cesan las amenazas en las transmisiones en vivo o los videos anónimos que han sido editados para calumniar reporteros de esta casa editorial.

 

Un legado imborrable

A Jorge nunca lo frenó esto. Su estoica actitud me recuerda al inolvidable Jesús Blancornelas fundador del semanario Zeta, de Tijuana, que lleva por lema “Libre como el viento”.

Blancornelas, con su vejez y achaques a cuestas, escribía sin falta su gustada columna Doble Plana. Tuve la honra de leerla. Además de que se percibía un Blancornelas agónico, cansino, me dejó en la memoria una frase que hizo estallar mi mente: “A pesar de todo, seguiré escribiendo hasta el último de mis días porque si no van a creer (sus enemigos) que me he ablandado”.

Jorge, nunca se ablandó y ese es su legado. Nosotros, los colaboradores de su corporativo seguiremos su ejemplo, pese a las circunstancias.    

A donde estés, Jorge, sábete que hiciste un gran trabajo en tus días sobre esta tierra y por largo tiempo tu labor será recordada.

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